El titular hace referencia al contundente lema utilizado en la Conferencia Internacional de Refugiados y Migrantes, celebrada a finales de febrero de 2016 en Hamburgo (Alemania). El encuentro es organizado por la sociedad civil y este año reunió a más de 2.000 personas con y sin papeles que viven en Europa. Nosotros asistimos invitados por la Coalición Internacional de Sin Papeles y Migrantes (CISPM), que reúne diferentes grupos europeos y cuenta con una activa presencia en Alemania, Francia e Italia, así como con nodos en Bélgica o Austria. En España, la ASPM, Asociación Sin Papeles de Madrid, forma parte de esta coalición europea, que es un espacio compuesto por migrantes empoderados.
Reunidos en un amplio espacio similar al Matadero de Madrid, en la Conferencia hubo paneles, encuentros, conciertos, un cómodo espacio para dormir, comida gratuita y todo lo necesario para dar una cálida acogida a todos los participantes durante un frío fin de semana de invierno.
Una de las claves para entender este encuentro es la palabra “empoderamiento”. No se trata de una simple cuestión lingüística; en la mayoría de los paneles y conferencias, así como en la organización, participaron personas migrantes empoderadas y activas políticamente. El objetivo del programa era claro: “durante tres días, migrantes, refugiados, gente que apoya y activistas, debatirán, establecerán redes e intercambiarán conocimientos”.
En las distintas conferencias se abordaron gran cantidad de cuestiones: desde el discurso criminalizador de los medios de comunicación y cómo hacerle frente, hasta las formas de luchar contra las deportaciones, pasando por el rechazo a las políticas de la ‘Europa Fortaleza’, o la creación de formas de auto organización.
Al final de una de las conferencias, personas refugiadas de origen afgano se quedaron planteando las estrategias que debían seguir para aunar fuerzas entre ellos y tejer redes con las demás comunidades. Fue, junto con otros, uno de los muchos momentos motivantes de este encuentro.
También se constató la necesidad de aunar luchas y establecer objetivos comunes. Las prácticas institucionales y los medios expanden la lógica del “divide y vencerás”. En España, por ejemplo, hay un discurso que habla de refugiados (“buenos”) y migrantes económicos (“malos”); en Alemania y otros países de Europa se establecen diferencias entre las distintas comunidades de refugiados: se tramita la solicitud de asilo de los procedentes de Siria si han llegado antes de una determinada fecha, mientras que se deja fuera a los que llegaron meses después. Los afganos, en tanto, sufren deportaciones con frecuencia debido a que el gobierno alemán considera que el país centroasiático es “un lugar seguro”. Estas categorías provocan no sólo una ‘competición por la precariedad’, sino que atomiza a los grupos, impidiendo centrar el foco en la solidaridad y en la lucha contra la política migratoria europea, responsable de miles de muertes.
En el encuentro también se realizaron llamadas a la movilización a nivel europeo: marchas contra FRONTEX en la sede de Varsovia, conferencias en Viena sobre las ruta de los Balcanes, acciones en recuerdo de la ocupación de la iglesia de Saint-Bernard en París, hace 20 años, propuestas para contactar con los familiares de las víctimas de Tarajal, etc.
La criminalización y el auge de la ultraderecha en Europa, lejos de ser motivos para perder la esperanza y amedrentarse, son impulsos para la acción y la elaboración de discursos alternativos. En Alemania, en respuesta a atentados a centros de refugiados con granada, se está fraguando un proceso de empoderamiento y de creación de una narrativa propia en el que participan migrantes y locales.
Por último, se apoyó la idea de volver a reunir a la coalición a finales de Mayo en Madrid, aprovechando que durante esos días tendrá lugar la Conferencia del Plan B, plataforma creada por diferentes activistas y políticos, en la que destaca la figura del exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, y que busca plantear una nueva Europa a partir de la construcción de redes paneuropeas.
Sin duda, el camino a seguir contra la criminalización de la migración es tejer redes entre las comunidades migrantes, y entre éstas y las organizaciones con intereses compartidos, con el fin de crear esa sociedad intercultural y solidaria que muchas queremos. La Conferencia Internacional de Hamburgo camina en esa línea de establecer vínculos y unir fuerzas.
Por Yeison García (Comisión CIE’s – SOS Racismo Madrid)