La comisión CIE de SOS Racismo Madrid ha elaborado un informe fruto de su trabajo de fiscalización y vigilancia en el CIE de Aluche de Madrid. De cara al 15J Día por el cierre de los CIEs, estamos publicando extractos del informe, que se presentará oficialmente la semana del 20 de junio.
En este apartado trataremos de identificar las razones que nos dificultan el contacto con las mujeres en el CIE. Por un lado, hay un factor estructural que hemos comentado anteriormente. En el CIE de Aluche existen cuatro módulos de hombres y solamente uno para mujeres con lo que físicamente es imposible que haya un número similar al de hombres internos: existen 236 plazas para hombres y 44 para mujeres. Por tanto, entendemos que las características estructurales del edificio de Aluche están relacionadas con el escaso número de mujeres al que podemos llegar, sin embargo, no pueden ser la única explicación de esta diferencia.
Para poder comprender cuáles son las causas de la diferencia en el número de varones y mujeres que hemos visitado tenemos que incluir en nuestro análisis varios factores. Más allá del espacio como condicionante, somos conscientes de que nos ha sido más difícil contactar con mujeres que con hombres. La pregunta pertinente en este caso sería, ¿Por qué nos cuesta tanto contactar con ellas? ¿Dónde están las mujeres?
- Trabajos feminizados y economía sumergida:
Pensamos que la diferencia en la proporción de mujeres y hombres visitados en el CIE no responde exclusivamente a las características estructurales del edificio sino que va más allá.
Las mujeres migrantes en España -como ocurre en otras regiones del mundo- tienden a ser relegadas a los nichos de trabajo típicamente feminizados (como los cuidados, limpieza). Estos ámbitos de trabajo suelen contar con un alto grado de precariedad y representan altos índices en la economía sumergida. Son trabajos que se desarrollan en el ámbito privado, poco reconocidos y que cuentan con regímenes especiales dentro de la propia legislación laboral que las propias trabajadoras consideran deficientes, a lo que se añade el hecho de que España aún no ha ratificado el Acuerdo de la OIT de 2011 sobre condiciones de las empleadas del hogar (Convenio 189 – Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos). Las principales problemáticas asociadas a este sector son el poco reconocimiento social, la precariedad y la desprotección de las mujeres.
Muchas mujeres vienen con contratos en el sector del empleo del hogar o se insertan en este sector una vez llegan al país. Cuando las mujeres llegan al país o no pueden acceder a permisos de residencia y trabajo, se ven abocadas en mayor medida a trabajar como empleadas de hogar en régimen interno. En este caso, las mujeres permanecen en espacios privados lo cual hace más difícil la detención por parte de la policía en caso de redadas.
En este sentido, la estructura social y los roles de género en la división del trabajo sitúan a las mujeres mayoritariamente en el desarrollo de actividades profesionales y de ocio en ámbitos privados. Las mujeres ocupan espacios privados y teniendo en cuenta que la mayoría de los espacios de detención se hacen mediante controles de identidad en espacios públicos, podríamos suponer que las mujeres estarían ´menos´ expuestas a detenciones en espacios públicos fuera de las recurrentes redadas en zonas de prostitución.
Esta circunstancia, si bien reduce el riesgo de que sufran la experiencia del internamiento en el CIE, expone a las mujeres migrantes en situación irregular a una situación de especial vulnerabilidad, asociada a esta invisibilidad.
En el Estado español, el acceso a la ciudadanía está estrechamente condicionado al acceso al trabajo formal con lo que las personas que desarrollan trabajos dentro de la economía sumergida están más expuestas a caer en la irregularidad. Esto es lo que sucede con muchas mujeres que están internas en el CIE. Esto supondría que el número de mujeres detenidas para ser internadas no debería ser menor que el de los hombres. Con lo cual, suponemos que pueden existir mecanismos de invisibilización de la situación de las mujeres en situación irregular. ¿Podría ser que fueran menos detenidas por ocupar espacios privados? ¿Que se muevan en otros circuitos?
- Mujeres, CIE y trata de seres humanos con fines de explotación:
Tras el informe Mujeres en el CIE: género, inmigración e internamiento (2013), se pudo comprobar que existe una sobrerrepresentación en los CIE de mujeres que ejercen la prostitución. El informe Mujeres en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE): Realidades entre rejas (2012) arrojaba luz sobre los casos de víctimas de trata encerradas en los CIE, como hemos podido comprobar en estos años de visitas, especialmente con nacionalidades Paraguayas, Brasileñas y Nigerianas. Por tanto, sabemos que hay probabilidades de que las mujeres que visitamos sean víctimas de trata, y más aún en los casos de las nacionalidades que mencionamos. Estas mujeres se encuentran en redes de extorsión que las mantienen en silencio y que las condiciona a la hora de hablar con personas que no conocen. Para tratar de atajar esta deficiencia en nuestra actuación, nos hemos puesto en contacto con las organizaciones que realizan un excelente trabajo en este ámbito fuera de los CIE y hemos recorrido con las trabajadoras sociales diferentes polígonos y puntos de prostitución en Madrid para ponernos en contacto con éstas mujeres. El objetivo es principalmente que tengan una referencia anterior al posible internamiento en el CIE y que este contacto previo sirva para vencer las reticencias a hablar con desconocidas, pedir ayuda o denunciar.
Cabe señalar que el acompañamiento a mujeres que son víctimas de trata en el CIE resulta especialmente complejo. Los altos niveles de coacción, amenazas y violencia a los que son sometidas dificultan enormemente que accedan a solicitar protección teniendo en cuenta que en el CIE se encuentran privadas de libertad y, por tanto, no se trata de un espacio percibido como de seguridad.