Por
Dánae García (Comisión CIE) y
Paula Guerra (Comisión Comunicación)
Hace un mes y medio un grupo de activistas tuvo la idea de organizar una Caravana a Grecia con el objetivo de denunciar que la UE y el gobierno español están incumpliendo los acuerdos adquiridos en materia de asilo y refugio y para exigir con carácter urgente el respeto de estos compromisos. La iniciativa original fue promovida por la Asamblea de apoyo a personas migrantes de Salamanca, Iniciativa Ciudadana Pamplona Ciudad de Acogida, Vitoria Abierta, Bienvenidxs Refugiadxs Bizkaia, Pasaje Seguro y la Red Solidaria de Acogida de Madrid. Poco tiempo después ya se habían sumado una veintena de organizaciones y plataformas de toda España, entre ellos, Ecologistas en Acción, Red Solidaria de Acogida de Leganés, Mujeres de Negro y Sos Racismo Madrid.
El 15 de julio, después de varias asambleas territoriales en las que se definieron objetivos y acciones, partimos por fin cinco autobuses con casi 300 activistas llenos de ilusión y energía, convencidos de que ante la injusticia no debemos callarnos, que ante el dolor de seres humanos no nos podemos quedar impasibles.

Tras una parada en Milán, en la que participamos en una manifestación con colectivos locales para denunciar las muertes de inmigrantes y refugiados en el Mediterráneo, seguimos hacia Tesalónica con el objetivo de unirnos a la acampada de No Borders en la universidad Aristóteles de esta ciudad.

En Tesalónica llevamos tres días compartiendo experiencias con activistas de Italia, Alemania y Grecia, y realizando una serie una actividades. La primera de ellas fue la visita a un asentamiento de refugiadas y refugiados sirios en el puerto de Tesalónica.

Haciendo una comparativa con lo que ocurre en España, el asentamiento que visitamos podría parecerse, con muchas matizaciones, a un CETI, que son los centros de estancia temporal para las personas que llegan a Ceuta o a Melilla, aunque en este caso se trata de un asentamiento informal, compuesto por un trozo de puerto rodeado de vallas. Allí, tras esas rejas y a pocos pasos de una de las zonas más turísticas de Tesalónica, pasan sus días 250 seres humanos, muchos de ellos niñas, niños e incuso bebés, repartidos en tiendas de campaña, y otros, la mayoría, hacinados en dos barracones que han dividido internamente con trozos de cartones y telas.

La decisión de entrar al asentamiento no fue fácil. Tras hablar con la policía que custodia el lugar y obtener la autorización para el ingreso, muchas de nosotras dudamos, pensando que nuestra visita podría generar molestia en los refugiados y refugiadas, algo normal si tomamos en cuenta sus condiciones de vida. Sin embargo, no sólo nos recibieron con amabilidad, sino que nos llevaron hasta la zona de los barracones para mostrarnos cómo viven, para decirnos qué necesitan y para pedirnos que contemos fuera lo que están viviendo. Lo primero que nos dicen es que algunos de ellos están en huelga de hambre porque en cuatro días les reubican en un campo, ya no asentamiento, en el que hay al menos 1.500 personas. Tienen miedo. Dicen que estarán aún más hacinados, que puede haber problemas de convivencia y de escases de alimentos y ropa. Otra cosa que nos cuentan es que necesitan con urgencia un proyecto educativo para los niños, les preocupa que pasen los meses y los niños continúen sin ser escolarizados.
Al escucharlos hablar, ver cómo intentan explicarnos en una mezcla de inglés y árabe lo que están viviendo, la sensación de impotencia se vuelve insoportable. En inglés también intentamos decirles que fuera hay mucha gente trabajando porque las cosas cambien, que estamos con ellos, que nos solidarizamos con su dolor y que no dejaremos de contar lo que nos han dicho. Algunas mujeres nos preguntan cómo pueden ir a España, les explicamos cuál es la postura del actual gobierno español y de cómo diversos colectivos estamos trabajando para que eso cambie. Asienten con una sonrisa y nos dan las gracias, mientras varios niños y niñas revolotean a nuestro alrededor. Una de ellas, de unos doce años, nos coge de la mano y nos lleva a recorrer el asentamiento. Al poco rato se nos une otra, de unos nueve, y así es como las cuatro hacemos un recorrido por el lugar mientras ambas nos comentan quién vive en cada tienda, cómo se llaman los niños, las edades, quiénes son hermanos entre sí, etc.

Son niñas inteligentes, probablemente podrían conseguir todo lo que quisieran si tuviesen acceso a una vida digna y a una educación. Sin embargo, en su día a día viven en un ambiente de total precariedad, tras unas vallas que las separan de quienes pasean tranquilamente por el puerto de Tesalónica, sin más remedio que pasar las horas jugando entre regueros de agua y demás sustancias que se acumulan por los suelos. Al despedirnos, las dos niñas nos regalan su pulsera y su colgante para el cuello, nosotras les devolvemos el gesto entregándoles también nuestras pulseras. Sin duda nos quedamos con sus sonrisas, su generosidad y las palabras de las mujeres y los hombres allí recluidos pidiendo que se les reconozca por lo que son: personas.
Al día siguiente, todavía con las impresiones de la visita al asentamiento a flor de piel, nos movilizamos toda la caravana junto a los activistas de No Borders (en total unas 500 personas), para manifestarnos en dos Centros de Internamiento para Extranjeros, ubicados cerca de la frontera con Macedonia.

En el primero de ellos, en Paranesti, conseguimos que ingresara una comisión de 20 personas para hablar con los internos. Nos contaron que son alrededor de 300 hombres, de entre 18 y 40 años, provenientes de Argelia, Afganistán, Marruecos, Pakistán y Turquía. Dicen que a las 8 de la tarde los encierran en celdas y que ya no los dejan salir hasta el día siguiente por la mañana, que la comida que les dan (siempre la misma, arroz con pollo) a veces huele mal y que necesitan ropa, sobre todo camisetas. Manifiestan que están desesperados, que no saben por qué están ahí si no han hecho nada. Una médica de la caravana que ingresó, comentó tras la visita que varios de ellos presentan fiebre, dolor de garganta, infecciones en la piel y que otros tantos muestran síntomas de ansiedad: sensación de angustia, palpitaciones y dolores de cabeza.

Tras una hora de visita nos dirigimos desde Paranesti hacia Xanthi, donde está ubicado el segundo CIE, a casi tres horas en autobús desde el centro de Tesalónica. Allí la situación fue más complicada. No sólo no conseguimos que ingresara una comisión, sino que hubo cargas policiales contra los manifestantes. Pero aunque no pudimos entrar ni hablar con ellos, desde sus celdas los internos nos saludaban agitando sus brazos mientras recibían nuestro apoyo al grito de ‘shame on Europe!’ (vergüenza de Europa!) y ‘open the borders!’ (abrid las fronteras!).


Tras cada actividad, los activistas de la Caravana a Grecia volvemos a la acampada en la universidad de Tesalónica, donde nos reunimos en asamblea para evaluar las acciones del día y planificar los actos de la siguiente jornada. En los próximos días está contemplado realizar una acción de desobediencia civil en Idomeni, luego una manifestación en el centro de Tesalónica en apoyo a las personas migrantes y refugiadas bajo el lema ‘Migrant Pride’, y finalmente una acción de denuncia frente a la embajada de España en Atenas.
No nos callamos. Seguimos!