Caravana a Grecia, 3ª Parte: Acción ante embajada de España en Atenas y evaluación final
Por Paula Guerra (Comisión de Comunicación). El sábado 23 la Caravana a Grecia se desplazó desde la ciudad de Tesalónica a Atenas, con el objetivo de realizar una acción de protesta frente a la embajada de España. Era nuestra última actividad. En tres días ya habíamos visitado un asentamiento de refugiadas y refugiados sirios en el puerto de Tesalónica, otros miembros de la caravana habían acudido a casas ocupas en las que viven algunas personas migrantes y refugiadas, habíamos hecho manifestaciones ante los campos de detención para extranjeros de Paranesti y Xhanti, un acto de desobediencia civil en Idomeni y una manifestación multitudinaria en el centro de Tesalónica que convocó a 500 manifestantes, los 300 de la Caravana a Grecia, más los activistas de la acampada de No Borders. Tras esos días de intensa actividad, llegamos el sábado ante la embajada de España en Atenas con el cansancio metido en el cuerpo, pero la convicción intacta. El día anterior, una pequeña delegación se había adelantado a la capital griega para entrevistarse con el cónsul (el embajador se encuentra de vacaciones), entrevista que había sido concertada previamente y de forma oficial. Sin embargo, lo único que se obtuvo del cónsul fue una conversación de diez minutos y en la calle. Ante esa total falta de interés mostrada por el gobierno español, la manifestación del sábado cobró todavía más sentido. Frente a la línea policial que protegía la embajada, 15 miembros de la caravana lentamente se descalzaron en silencio y se tumbaron, mientras otros activistas los envolvían en lonas blancas, como una triste metáfora de las miles de personas que han muerto en el Mediterráneo intentando llegar a Europa. Tras ese momento, y de manera espontánea, algunos manifestantes rompieron y quemaron sus pasaportes para demostrar su repulsa ante un gobierno que no sólo no ha mostrado voluntad política para enfrentar esta crisis, sino que ni siquiera ha cumplido los compromisos adquiridos en esta materia: de las 16 mil personas refugiadas que se comprometió a recibir, a día de hoy sólo ha acogido a 305. La Caravana a Grecia tuvo desde su origen el objetivo de denunciar el incumplimiento de estos compromisos, tanto por parte del gobierno español como de la Unión Europea, y visibilizar, mediante una serie de acciones de denuncia política, que somos muchas las personas que exigimos que se ponga fin al sufrimiento de tantos miles de seres humanos a través de políticas migratorias solidarias y del cumplimiento de los acuerdos adquiridos en materia de asilo y refugio. Tras el cierre de la ruta de los Balcanes y el acuerdo entre la UE y Turquía, Grecia se ha convertido en un símbolo de esta Europa que parece haber perdido su alma. En su territorio permanecen varadas miles de personas en su tránsito hacia una Europa Fortaleza que cierra sus fronteras y los trata como criminales. De hecho, el miércoles 27 de julio, cuatro días después de que la Caravana abandonara Tesalónica, y dos días después de que el colectivo No Borders finalizara el campamento en la Universidad Aristóteles, el gobierno griego desalojó tres casas ocupadas en esta ciudad, las que estaban siendo utilizadas como cobijo para personas refugiadas y migrantes. Ante la caridad estatal que los confina a la marginación en campamentos aislados e insalubres, la respuesta había sido la solidaridad organizada y autogestionada. Tras este desalojo la policía detuvo a cientos de personas, migrantes y refugiados entre ellos, a los que envió a diferentes campos de detención (CIE’s). También fueron detenidos algunos activistas griegos del movimiento ‘In solidarity with refugees’ y dos jóvenes navarros que formaban parte de la Caravana a Grecia y que se habían quedado colaborando en las casas (datos no oficiales hablan de más detenidos españoles). Uno de los centros ocupas desalojados además fue demolido. Bajos sus escombros quedaron sepultadas no solo comida, medicina y ropa, sino también las pocas pertenencias personales que cargan consigo los migrantes y refugiados. Además de perder lo poco que tienen ahora les espera la incertidumbre en unos CIE’s hacinados, con condiciones higiénicas deplorables, y donde la mayoría de ellos presenta síntomas de ansiedad, como palpitaciones y sensación de angustia, tal como comprobó una médica de la Caravana que ingresó en uno de estos centros. Ya en Madrid, y después de haber recorrido 3 mil kilómetros en un viaje que se ha convertido en el más significativo que he realizado hasta ahora, mi sensación es que no podemos distraernos, que cada día de cada mes de cada año tenemos que seguir trabajando para que este genocidio institucionalizado acabe de una vez por todas. Finalmente, me gustaría agradecer a todas y todos quienes hicieron posible esta andadura. Por medios propios probablemente nunca habría realizado este viaje, ni habría podido conocer y aprender de activistas que llevan muchos años trabajando la problemática de la población refugiada y migrante. Es por eso que espero que existan muchos otros viajes y muchas otras caravanas. ¿El próximo destino? Tal vez el que nos toca de más cerca: nuestra Frontera Sur.
Caravana a Grecia en defensa de las personas migrantes y refugiadas
Por Dánae García (Comisión CIE) y Paula Guerra (Comisión Comunicación) Hace un mes y medio un grupo de activistas tuvo la idea de organizar una Caravana a Grecia con el objetivo de denunciar que la UE y el gobierno español están incumpliendo los acuerdos adquiridos en materia de asilo y refugio y para exigir con carácter urgente el respeto de estos compromisos. La iniciativa original fue promovida por la Asamblea de apoyo a personas migrantes de Salamanca, Iniciativa Ciudadana Pamplona Ciudad de Acogida, Vitoria Abierta, Bienvenidxs Refugiadxs Bizkaia, Pasaje Seguro y la Red Solidaria de Acogida de Madrid. Poco tiempo después ya se habían sumado una veintena de organizaciones y plataformas de toda España, entre ellos, Ecologistas en Acción, Red Solidaria de Acogida de Leganés, Mujeres de Negro y Sos Racismo Madrid. El 15 de julio, después de varias asambleas territoriales en las que se definieron objetivos y acciones, partimos por fin cinco autobuses con casi 300 activistas llenos de ilusión y energía, convencidos de que ante la injusticia no debemos callarnos, que ante el dolor de seres humanos no nos podemos quedar impasibles. Tras una parada en Milán, en la que participamos en una manifestación con colectivos locales para denunciar las muertes de inmigrantes y refugiados en el Mediterráneo, seguimos hacia Tesalónica con el objetivo de unirnos a la acampada de No Borders en la universidad Aristóteles de esta ciudad. En Tesalónica llevamos tres días compartiendo experiencias con activistas de Italia, Alemania y Grecia, y realizando una serie una actividades. La primera de ellas fue la visita a un asentamiento de refugiadas y refugiados sirios en el puerto de Tesalónica. Haciendo una comparativa con lo que ocurre en España, el asentamiento que visitamos podría parecerse, con muchas matizaciones, a un CETI, que son los centros de estancia temporal para las personas que llegan a Ceuta o a Melilla, aunque en este caso se trata de un asentamiento informal, compuesto por un trozo de puerto rodeado de vallas. Allí, tras esas rejas y a pocos pasos de una de las zonas más turísticas de Tesalónica, pasan sus días 250 seres humanos, muchos de ellos niñas, niños e incuso bebés, repartidos en tiendas de campaña, y otros, la mayoría, hacinados en dos barracones que han dividido internamente con trozos de cartones y telas. La decisión de entrar al asentamiento no fue fácil. Tras hablar con la policía que custodia el lugar y obtener la autorización para el ingreso, muchas de nosotras dudamos, pensando que nuestra visita podría generar molestia en los refugiados y refugiadas, algo normal si tomamos en cuenta sus condiciones de vida. Sin embargo, no sólo nos recibieron con amabilidad, sino que nos llevaron hasta la zona de los barracones para mostrarnos cómo viven, para decirnos qué necesitan y para pedirnos que contemos fuera lo que están viviendo. Lo primero que nos dicen es que algunos de ellos están en huelga de hambre porque en cuatro días les reubican en un campo, ya no asentamiento, en el que hay al menos 1.500 personas. Tienen miedo. Dicen que estarán aún más hacinados, que puede haber problemas de convivencia y de escases de alimentos y ropa. Otra cosa que nos cuentan es que necesitan con urgencia un proyecto educativo para los niños, les preocupa que pasen los meses y los niños continúen sin ser escolarizados. Al escucharlos hablar, ver cómo intentan explicarnos en una mezcla de inglés y árabe lo que están viviendo, la sensación de impotencia se vuelve insoportable. En inglés también intentamos decirles que fuera hay mucha gente trabajando porque las cosas cambien, que estamos con ellos, que nos solidarizamos con su dolor y que no dejaremos de contar lo que nos han dicho. Algunas mujeres nos preguntan cómo pueden ir a España, les explicamos cuál es la postura del actual gobierno español y de cómo diversos colectivos estamos trabajando para que eso cambie. Asienten con una sonrisa y nos dan las gracias, mientras varios niños y niñas revolotean a nuestro alrededor. Una de ellas, de unos doce años, nos coge de la mano y nos lleva a recorrer el asentamiento. Al poco rato se nos une otra, de unos nueve, y así es como las cuatro hacemos un recorrido por el lugar mientras ambas nos comentan quién vive en cada tienda, cómo se llaman los niños, las edades, quiénes son hermanos entre sí, etc. Son niñas inteligentes, probablemente podrían conseguir todo lo que quisieran si tuviesen acceso a una vida digna y a una educación. Sin embargo, en su día a día viven en un ambiente de total precariedad, tras unas vallas que las separan de quienes pasean tranquilamente por el puerto de Tesalónica, sin más remedio que pasar las horas jugando entre regueros de agua y demás sustancias que se acumulan por los suelos. Al despedirnos, las dos niñas nos regalan su pulsera y su colgante para el cuello, nosotras les devolvemos el gesto entregándoles también nuestras pulseras. Sin duda nos quedamos con sus sonrisas, su generosidad y las palabras de las mujeres y los hombres allí recluidos pidiendo que se les reconozca por lo que son: personas. Al día siguiente, todavía con las impresiones de la visita al asentamiento a flor de piel, nos movilizamos toda la caravana junto a los activistas de No Borders (en total unas 500 personas), para manifestarnos en dos Centros de Internamiento para Extranjeros, ubicados cerca de la frontera con Macedonia. En el primero de ellos, en Paranesti, conseguimos que ingresara una comisión de 20 personas para hablar con los internos. Nos contaron que son alrededor de 300 hombres, de entre 18 y 40 años, provenientes de Argelia, Afganistán, Marruecos, Pakistán y Turquía. Dicen que a las 8 de la tarde los encierran en celdas y que ya no los dejan salir hasta el día siguiente por la mañana, que la comida que les dan (siempre la misma, arroz con pollo) a veces huele mal y que necesitan ropa, sobre todo camisetas. Manifiestan que están desesperados, que no saben