Odio y racismo: el verdadero caballo de Troya tras los atentados en París
Apenas unos minutos después de que nos llegaran las primeras informaciones sobre lo que estaba ocurriendo en París, las especulaciones sobre la autoría del ISIS crecieron exponencialmente para ser confirmadas al día siguiente por el propio grupo terrorista. “Ocho hermanos, con cinturones explosivos y fusiles de asalto, han atacado lugares minuciosamente elegidos en el corazón de la capital francesa», sentenciaron los yihadistas. En realidad no se precisó de tal confirmación para que políticos, medios de comunicación y redes sociales intensificaran el discurso islamófobo, racista y de odio en general que se venía reproduciendo especialmente enfocado hacia los refugiados, protagonistas de una crisis que no puede más que recrudecerse en su contra. Estos, huyendo de un entorno donde episodios similares a los ocurridos en París (como el sucedido en Beirut días atrás) son el pan de cada día, se van a ver ahora emparedados entre el horror del lugar de salida y la negativa a ser acogidos en el destino. La tragedia parisina supone un flaco favor para la situación de los refugiados a quienes se les achaca, sin ningún tipo de rubor ni vergüenza en la generalización, la autoría de lo ocurrido. De este modo, se insinúa continuamente un supuesto papel de caballo de Troya que ejercerían los refugiados en beneficio del ISIS. El discurso del odio, mal dirigido hacia los que escapan del terror que estos días nos azota, afecta colateralmente a los que profesan la religión islámica y a la comunidad árabe en su conjunto. De caer en el discurso del “nosotros contra ellos”, única y exclusivamente los terroristas deberían ser el objetivo del mismo. Con este enfoque situado en dirección equivocada no paran de sucederse, sin visos a que se atenúen, los discursos que criminalizan a los refugiados, los musulmanes y los árabes. Tres de los ejes más importantes a la hora de lanzar el discurso son los medios de comunicación, la política y las redes sociales, en los que ya se han visto ejemplos del que va a ser el verdadero caballo de Troya a partir de ahora: odio y racismo escondido bajo el mantra de la seguridad de nuestras fronteras. Así, desinformaciones como la que se vio sobre el pasaporte egipcio encontrado al lado del cadáver de uno de los terroristas suicidas, y que finalmente resultó ser de una víctima del ataque, van a ser por desgracia más que habituales. La batalla mediática por ser los primeros en publicar información, obviando toda la rigurosa comprobación requerida para estos casos, lleva a situaciones como la vivida por el crítico de videojuegos Veerender Jubbal, quien vio a medios como La Razón poner su imagen (manipulada previamente con Photoshop) en portada, acusándole de ser uno de los autores de la masacre de París. Como a su vez se van a intensificar campañas políticas, con más apoyo si cabe, de partidos como los Demócratas de Suecia (SD), quienes reparten en Lesbos panfletos aconsejando a los refugiados no ir al país escandinavo. Los argumentos que esgrimen a los que huyen de una muerte casi segura: “aquí tenemos tiendas de campaña. Hace frío, hiela y nieva. Hay escasez de recursos tanto para nuestra población como para aquellos que llegan». Más recientemente no hay más que ver a Polonia, que con su nuevo gobierno ya ha decidido la revocación del acuerdo que alcanzó para acoger refugiados o la reacción de Marine Le Pen, quien ya ha exigido el cierre de las “mezquitas radicales”, expulsar a los clandestinos y recuperar el control absoluto sobre las fronteras, pasando por encima del acuerdo europeo de Schengen. Las redes sociales, capaces de lo mejor y lo peor (parece que últimamente más de lo segundo) se han convertido en una vía más de desahogo para las teorías y discursos más radicales que se pueden leer. Como se puede ver en esta recopilación, la islamofobia y el racismo se han convertido en una respuesta común a la terrible tragedia acontecida en la capital francesa. Ante esta situación, la solución pasa por eliminar el discurso racista y de odio para evitar caer en las generalizaciones ya existentes y que criminalizan más todavía a refugiados, musulmanes y árabes, camuflándolo en la búsqueda de la seguridad de las fronteras. Defender la inocencia de unos no es sinónimo de dar vía libre a las malas intenciones de otros, no cabe duda. La comunidad internacional debe promover la búsqueda de mecanismos efectivos para garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales, y que los propósitos salvajes de unos pocos culpables no influyan negativamente, como ya lo están haciendo, en el porvenir de millones de inocentes. Por Moha Gerehou (@mohagerehou)